Roma: una ciudad de tres milenios superpuestos
El bien de Roma presenta una secuencia excepcionalmente amplia de desarrollo urbano, artístico y religioso. La UNESCO lo registra como un bien cultural, en serie y transfronterizo, compartido por Italia y la Santa Sede, con tres componentes. Fue inscrito en 1980 y ampliado en 1990. No se trata del marcador de un único monumento antiguo: comprende el centro histórico dentro de las murallas de la ciudad del siglo XVII, bienes de la Santa Sede con derechos extraterritoriales y la basílica de San Pablo Extramuros.
La identidad de Roma está en sus estratos. Foros, Coliseo, Panteón, mausoleos y columnas conviven con fortificaciones, termas, palacios, basílicas paleocristianas y templos barrocos. La ciudad cristiana se desarrolló sobre la antigua, reutilizando espacios, edificios y materiales. Desde el siglo XV, la renovación papal incorporó el clasicismo renacentista y el diseño barroco, visibles en lugares como Piazza Navona, Piazza del Popolo, Piazza di Spagna y la colina Capitolina.
Frente a los centros históricos más pequeños del mapa, Roma destaca por la amplitud y complejidad de su tejido urbano. Su patrimonio incluye monumentos y plazas, pero también acueductos, sistemas de drenaje, fuentes y los muros del siglo XIX levantados contra las crecidas del Tíber. Hay que leer el bien como una ciudad en evolución, no como un barrio-museo: su importancia nace de la integración de áreas arqueológicas, arquitectura, urbanismo y edificios religiosos a lo largo de una secuencia histórica continua.
