Las colinas del Prosecco: un mosaico cultivado sobre pendientes abruptas
Las Colinas del Prosecco de Conegliano y Valdobbiadene figuran en este mapa porque la UNESCO reconoce un paisaje cultural modelado durante varios siglos por la interacción entre naturaleza y actividad humana. En el nordeste de Italia, las colinas de crestas alargadas dan a la zona vitivinícola un marcado carácter montañoso. Los viñedos no aparecen aislados: bosques, pequeñas masas arboladas, setos, hileras de árboles, pueblos y tierras agrícolas componen un mosaico que cubre las laderas.
El detalle que conviene observar es el ciglione, una estrecha terraza cubierta de hierba que sostiene pequeñas parcelas de viña siguiendo las curvas de las pendientes. Utilizadas desde el siglo XVII, estas terrazas ayudan a estabilizar el suelo y crean el dibujo característico de hileras que avanzan tanto paralelas como verticales respecto a las colinas. La técnica de conducción de la vid bellussera, desarrollada por agricultores locales en el siglo XIX y asociada a la zona desde aproximadamente 1880, añade otro elemento reconocible.
No se trata simplemente de un destino agrícola ni de una colección de bodegas. El criterio (v) de la UNESCO se refiere al propio sistema de uso del suelo, incluido el trabajo manual y la vendimia manual continuada, así como a las formas paisajísticas vinculadas a la aparcería. Los pueblos se sitúan en valles estrechos o en las cimas, y las manchas forestales funcionan como corredores entre hábitats. Esta combinación distingue el bien de una ruta vinícola puramente escénica: su valor patrimonial reside en la relación persistente entre relieve, cultivo, asentamiento y estructura ecológica. La conservación presta atención a los corrimientos de tierra, a los elementos arquitectónicos y a las presiones asociadas al mercado mundial del Prosecco.
