Una costa de Liguria aterrazada sobre un terreno difícil
La costa oriental de Liguria aparece en el mapa como paisaje cultural, no simplemente como una sucesión de pueblos pintorescos. El bien se extiende 15 km entre Levanto y La Spezia e incluye Portovenere, Palmaria, Tino y Tinetto, además de los cinco pueblos de Cinque Terre: Monterosso, Vernazza, Corniglia, Manarola y Riomaggiore. Su rasgo esencial es la larga interacción entre las comunidades y un relieve escarpado, visible en los asentamientos, los cultivos y las infraestructuras.
Las terrazas marcan la diferencia frente a otros lugares costeros apreciados únicamente por sus vistas. Plataformas sostenidas por muros de piedra para cultivar vides y olivos ascienden desde casi el nivel del mar hasta los 400 metros; algunas alcanzan 2 km de longitud. Sus muros de piedra seca, construidos con guijarros retirados del suelo, dependían del mantenimiento comunitario. En las crestas altas se conservan formaciones de garriga y maquia, de modo que el bien reúne laderas cultivadas y hábitats para insectos y animales.
Los pueblos tampoco responden a un único modelo litoral. Monterosso creció en dos valles cortos y mira a una de las pocas playas de la zona; Vernazza se sitúa junto al torrente Vernazzola, sobre un espolón rocoso; Corniglia ocupa un promontorio elevado; Manarola sigue un espolón y el torrente Grappa; y Riomaggiore se alinea en el valle cubierto del Rio Maggiore. Portovenere concentra su centro histórico hasta el castillo Doria, mientras las islas aportan restos monásticos tempranos. Aldeas de ladera, cubiertas de piedra natural y refugios de cosecha completan la escala humana del paisaje.
